martes, 18 de septiembre de 2018

Desigualdades en el ámbito laboral

En general en el ámbito económico,  no suele utilizarse el término de violencia, sino más bien,  el término de discriminación. Si tomamos en consideración algunos países de América Latina, como por ejemplo El Salvador, México y Guatemala, los mismos, incluyen el concepto de violencia económica en sus normativas.
La utilización del término "violencia" focaliza más responsabilidad en  otros, mientras que la categoría discriminación resulta más indefinida.

Cuando se añaden "cargas de cuidado", surge la discriminación  en el ámbito laboral, porque se da por sobre entendido que son las mujeres las que asumen esta carga.
Así esta  desigualdad puede ser la promotora de la violencia laboral.  
La manera de utilizar como equivalente la terminología de igualdad/desigualdad y discriminación, le quita fuerza e importancia al debate que es cada vez  más apremiante.

En el mercado laboral simbólicamente se acepta que hay discriminación pero se habla del tema como algo puntual (no estructural) y por ejemplo, la división sexual del trabajo no está contemplada en las políticas públicas para modificar de fondo las brechas que ello genera.

La violencia económica puede constituirse en una forma de dominación, porque el control de lo material trasciende a otro tipo de poderes, y termina generándose una vinculación entre dependencia  y violencia.

Las parejas cuando debaten si contratan o no a alguien para los cuidados acostumbrar a valorar si “compensa” que la “madre/mujer” deje de trabajar o no, dando por hecho que el cuidado es tarea de las mujeres.

Este tema ha generado mucho revuelo, porque moviliza expectativas sociales, se plantean impedimentos, y consecuentemente, quedan pendientes de solución los problemas económicos de las mujeres.

La utilización clara de los términos para nombrar la diversidad de  situaciones y condiciones de la vida de las mujeres, facilita el entendimiento de las problemáticas que surgen. El uso adecuado de la  terminología, es para estos casos tan sensibles más que necesario, evitando así no meter todo en un solo saco “de violencia”.

Cuando en el debate se aborda el tema de la discriminación y la  desigualdad parece que habláramos de situaciones. En cambio, si nos referimos a la  violencia tenemos una mayor percepción de que estamos  hablando de sujetos, ya que  la violencia se sufre y se ejerce; y este sería el nudo de la diferencia  para  trabajar en una línea o en otra.

Concretamente, las  mujeres tienen situaciones concretas que las afectan por algo, aunque sin embargo, se piense que las cosas les pasan porque son  mujeres.

Hasta hace poco existía un entramado  para que las mujeres no tengan acceso a los mismos recursos que los hombres. En este contexto, la asignación del trabajo de cuidados, se delega  exclusivamente a las mujeres, siendo clara la  desigualdad  en la vida de las mismas.

Debemos tener en cuenta que la expresión de la violencia no está solo relacionada con la cantidad monetaria sino con otros muchos elementos subjetivos a desarrollar.
Sería un error pasar toda la discriminación a violencia porque si no, no  se combate ni una ni otra. Hay situaciones de violencia que el sistema no hace nada y otras discriminaciones que tenemos que seguir buscando subsanar.

Elegir entre un término y otro pareciera ser una cuestión de grados,si  es discriminación es menos y si es más fuerte es Violencia, cuando en realidad: La discriminación es la que genera violencia. 

En realidad, las personas no sufrimos  discriminación pero sí violencia.[1]




[1] Fuente consultada: Historias para la Defensa de los Derechos de las Mujeres: DEBATE SOBRE VIOLENCIA ECONOMICA. 14 abril 2015 . www.mugarikgabe.org. Recuperado 11.09.17

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