miércoles, 4 de septiembre de 2019

Efemérides:Los primeros pasos en la búsqueda de igualdad jurídica

Ilustración alusiva sobre VERSALLES. Museo CARNAVALET. Autor Desconocido

El 4 de septiembre de 1791, aparece públicamente la declaración de los derechos de la mujer que constituye el primer documento que se refiere a la igualdad jurídica y legal de las mujeres en relación a los hombres.

En 1789, en plena revolución Francesa se redacta la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano por parte de la Asamblea Constituyente francesa, prefacio de la Constitución de 1791.
Por lo general, en los libros de historia se olvida que la “Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano” consistía en leyes exclusivamente para los hombres (es decir, no se tomaba la palabra “hombre” como un sustituto de la palabra “ser humano”). 

Por ello, Olympia de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana entrando las mujeres, por lo menos a través de un documento no oficial, a la historia de los derechos humanos.
Es uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos o la equiparación jurídica y legal de las mujeres en relación con los varones. 

La evolución del concepto de los derechos humanos del siglo XVI hasta el siglo XVIII, con las primeras revoluciones liberales fue recogido en textos  normativos: la Declaración de Derechos de Virginia, en el contexto de la Independencia de Estados Unidos (1776), y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la revolución francesa (1789). En ninguno de estos documentos se consideró a las mujeres.

Olympia de Gouges, concreta su idea de igualdad en el concepto de participación ciudadana: tanto hombres como mujeres pueden y deben participar en la construcción de la ley. Además, considera la democracia como el medio adecuado para lograr la igualdad de oportunidades en el acceso de las mujeres a los espacios de poder público.
Reivindica el derecho al voto y el reconocimiento de los derechos y libertades fundamentales, legitimando el derecho de las mujeres a acceder a la educación y a la propiedad libre de la tutela jurídica del varón.

Marie Gouze nació el 7 de mayo de 1748 en Montauban (Francia): Escritora y heroína francesa, se casa a los 17 años, en un matrimonio de conveniencia, y tiene un hijo, pero enviuda tan solo un año después. Se marcha a París con su hijo, y se cambia el nombre por el de Olympe de Gouges. 
Inicia una carrera como escritora. En sus obras, reflexiona sobre su sociedad, sobre su condición de mujer, sobre los problemas que enfrentan las mujeres, se atreve a proponer cambios radicales para su época. Marca un momento de gran importancia en la historia de las mujeres. 

En La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, Olympia reclama para las mujeres la igualdad que defiende la Revolución Francesa, y denuncia la manera en que ésta, después de aprovecharse de su participación en eventos como la toma de la Bastilla, busca devolver a las mujeres a sus roles domésticos y a los espacios privados, olvidándose de incluirlas en el proyecto igualitario por el que han luchado.

A partir de 1789, las mujeres quieren ser incluidas en la vida política. Quieren aportar “su piedra al edificio”: para mostrar, clamar sus esperanzas, sus reivindicaciones así como presentar reformas, las mujeres apoyándose en peticiones o folletos se proponen sensibilizar a la población. 
Hacen circular escritos que han debatido y leído previamente. Por ejemplo, el 6 de marzo de 1792, Pauline Léon  lee en la barra de la asamblea legislativa una petición firmada por más de 300 parisinas pidiendo el derecho a formar parte de la guardia nacional. 

Poder formar parte del ejército es uno de los fundamentos de la ciudadanía y aceptar a las mujeres en la guardia nacional permitiría darles la ciudadanía. El presidente de la asamblea responde a esta lectura recordando los papeles y las tareas encomendadas a cada sexo. 

La Constitución de septiembre de 1791 definió de modo idéntico el acceso a la mayoría civil para los hombres y las mujeres. 

Referencia: 
https://igualamos.wordpress.com/2012/10/26/declaracion-de-los-derechos-de-la-mujer-y-la-ciudadana-olympia-de-gouges/ . Recuperada 04.09.19

lunes, 2 de septiembre de 2019

Mujeres en las Fronteras de Cristal

https://www.centrodeestudiosandaluces.es/index.php?mod=actividades&id=3270&cat=22&idm=
Las mujeres se han incorporado al campo laboral, de forma significativa y consistente, desde hace ya varias décadas en Argentina. 
Sin embargo, persisten obstáculos, externos e internos, que hacen que su inserción laboral sea conflictiva.
Es el caso de las mujeres de sectores medios urbanos que habían iniciado sus carreras laborales en su juventud, al llegar a la mediana edad se encontraban con el así llamado “techo de cristal”. Este concepto será descripto a partir de su doble inscripción: en su aspecto objetivo, como una realidad discriminatoria hacia las mujeres, existente en la mayoría de las organizaciones laborales, y como una realidad subjetiva que impone detención y retroceso en los proyectos laborales de las mujeres.
Acontece además, otro fenómeno que impone obstáculos a la carrera laboral femenina: las “fronteras de cristal”, hallazgo obtenido a partir del estudio de una pareja en proceso de psicoterapia.
El concepto de “techo de cristal” ha sido descripto por algunas estudiosas de la sociología y la economía referido al trabajo femenino, particularmente en los países anglosajones, que hacia mediados de los 80 del siglo pasado se preguntaron por qué las mujeres estaban sub-representadas en los puestos más altos de todas las jerarquías ocupacionales (Holloway, 1993; Davidson y Cooper, 1992; Morrison, 1992; Carr-Rufino, 1991; Lynn Martin, 1991). Esta inquietud surgía al analizar la carrera laboral de mujeres que habían tenido altas calificaciones en sus trabajos gracias a su formación educativa de nivel superior. Sin embargo, su experiencia laboral indicaba que en determinado momento de sus carreras se encontraban con esa superficie superior invisible llamada “techo de cristal”, que les implicaba una detención en sus trabajos.
Las descripciones realizadas sobre el “techo de cristal” en la carrera laboral de las mujeres insisten en destacar los factores culturales invisibles que producen condiciones discriminatorias hacia las mujeres. Pero también podemos destacar factores de constitución del aparato psíquico femenino que, con su invisibilidad contribuyeron a la formación del “techo de cristal”.
Las teorías psicoanalíticas del género nos han demostrado ampliamente, a través de los estudios de autoras como Nancy Chodorow (1984), Jessica Benjamín (1997) y también de algunas psicoanalistas argentinas –Emilce Dio Bleichmar (1997), Mabel Burin (2000), Silvia Tubert (1991)– que las niñas suelen ser más dóciles en ceder ante las presiones y los ejercicios de dominación de otros, en tanto que los niños suelen oponer mayor resistencia a quienes quieran subordinarlos mediante variadas técnicas de coherción. En esta línea, se ha descripto cómo las niñas suelen dominarse a sí mismas y a sus necesidades más tempranamente que los varones, y cómo los varones, habitualmente conservan el despliegue de recursos psicomotores para conservar el dominio de sí y de los otros.
La política contribuyó a reflexionar sobre nuestros conflictos desde otra perspectiva, ej: el enunciado de que lo personal es político. La inhibición de las propias mujeres a resquebrajar el techo de cristal deviene de sentir que se enfrentan con una lucha excesivamente esforzada. Su crítica las lleva no a la confrontación, sino al apartamiento.
En muchos casos, estas mujeres organizan actividades laborales donde miden sus tiempos de dedicación laboral, incluyendo ambientes físicos con espacios y distancias accesibles, todo ello tendiente a un proyecto de vida personal rica en experiencias emocionales y sociales, donde su subjetividad esté involucrada de modo significativo. 
La globalización es un fenómeno asimétrico y desigual, pues en tanto algunas regiones y algunos grupos sociales se fortalecen, otros se debilitan y caen, aumentando las desigualdades preexistentes, a la vez que produciendo nuevas asimetrías.
La globalización actual está basada en valores específicos tales como el consumismo, el individualismo, la glorificación de los mercados, el exitismo y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, en tanto que los vínculos intersubjetivos se desdibujan detrás de aquellos valores. También los sujetos pueden quedar desdibujados!
Entre las desigualdades que se exacerban estamos encontrando nuevos dispositivos en cuanto a las relaciones de poder y los vínculos de intimidad entre los géneros, en particular en los modos de trabajar y de vivir en familia.
Si el final del siglo XX quedó marcado por el fenómeno de la globalización, los comienzos del siglo XXI indican otro fenómeno, el de la deslocalización de los sitios de trabajo, ya que sus efectos se producen también sobre las personas involucradas: determina cierres y traslados con su impacto social y subjetivo, creando condiciones de empleo migrante. Hace tiempo que los varones han aceptado estos retos, y van a la búsqueda de las opciones laborales que mejoren su nivel de vida y el de sus familias.
No ocurre lo mismo con las mujeres, porque todavía ellas son consideradas las principales responsables de la crianza de las niñas y los niños pequeños, de los cuidados familiares y de los vínculos de intimidad, de modo tal que cuando existen oportunidades laborales bajo condiciones de deslocalización y de empleo migrante, quienes aceptan esas oportunidades siguen siendo los varones, en tanto las mujeres permanecen en los lugares donde se desarrolla su familia y sus vínculos de intimidad. Pero ocurre que no todas las condiciones de deslocalización laboral son perjudiciales para los trabajadores: existen aquellas que constituyen oportunidades de ascenso laboral, de especialización, de adquisición de nuevas tecnologías, etc. En tanto los varones consideran esas opciones como beneficiosas para sí y para su familia, ellas renuncian a esas oportunidades.
Cuando las mujeres analizan esta realidad laboral desde la perspectiva de la relación costo-beneficio, se encuentran con que es muy elevado el costo subjetivo que pagan si es que han procurado realizar una carrera laboral a la cual le dedicaron tiempo, dinero, energía, con su inherente dedicación y actitud de profundo compromiso.
Si hasta ahora el “techo de cristal” en el ascenso laboral constituía una de las preocupaciones básicas por las desiguales condiciones de trabajo entre mujeres y varones, ahora se suma esta otra desigualdad: las fronteras de cristal que se imponen a las mujeres cuando deben decidir entre la familia o el trabajo. No sólo no todos los puestos de trabajo están disponibles por igual para el género femenino debido al techo de cristal, sino que tampoco todas las localizaciones geográficas donde se ubican los puestos de trabajo pueden ser elegidos por las mujeres.
Estos conflictos dejan sus marcas en la construcción de la subjetividad, en los modos de desear, de sentir y de pensar de las mujeres, y en la posibilidad de formar familias y de tener hijos e hijas.
Sigue en pie el cuestionamiento sobre las condiciones asimétricas que impone la globalización a los ciudadanos y las ciudadanas de los países periféricos y con escasas ofertas laborales y alto índice de desempleo como en Argentina. [i]



[i] Mabel Burin. Las “fronteras de cristal” en la carrera laboral de las mujeres. Género, subjetividad y globalización. Anuario de Psicología 2008, vol. 39, nº 1, 75-86. © 2008, Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona. Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), Buenos Aires.